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    lunes, 18 de agosto de 2014

    La ambigüedad de los inventos

    Las razones del corazón | Manuel Soler Palá, msscc: La ambigüedad de los inventos.
    Todos los inventos tienen sus detractores, sus fanáticos y sus agoreros. Cuanto más trascendente resulta ser el invento, mayor es la intensidad que ponen unos y otros en venerar o atacar el objetivo. Así ocurrió con los trenes, los automóviles, el teléfono y la electricidad. La cibernética no iba a ser una excepción.
    Bienvenido sea toda idea y todo artilugio que ayude a hacer la vida más llevadera y más solidaria. Ahora bien, por lo general los inventos son armas de doble filo. Su bondad está en relación directa con el uso que se les dé. De ahí que nadie debería precipitarse en la alabanza incondicional, como tampoco prestarse a apocalípticos e intempestivos vaticinios.
    Habría que echar mano de antiguas experiencias para caminar con cautela por este mundo movedizo de la técnica y sus avances espectaculares. Los viejos pensadores de la Ilustración estaban convencidos de que la información resultaría un arma letal para la injusticia. En cuanto la maldad apareciera al descubierto, sus causantes huirían avergonzados y suficientemente avergonzados para no repetir las bajezas realizadas.
    Sin embargo, ha transcurrido un tiempo prudencial desde los ilustres ilustrados. En ocasiones la información desanima al malhechor, pero lo cierto es que hoy día nos bombardea de tal manera que nos resbala. Acabamos siendo impeermeables al aguacero constante en que se convierten las agencias de noticias con los variados instrumentos a su servicios: fax, correo electrónico, web, teléfono, celular, redes sociales, etc.

    Informaciones imposibles de ser digeridas
    Apenas llega a nuestros oídos una noticia, una masacre, un terremoto... ya padece el reflujo, dado que otras informaciones más recientes y quizás de más calibre requieren la atención. Con lo cual acabamos fabricando un callo interior que adormece las fibras más sensibles.
    Las matanzas y las ejecuciones, las hambrunas y las catástrofes por lo general suponen una inyección de compasión o indignación hacia nuestros semejantes. Pero la información constante acerca de las injusticias y los sufrimientos a lo largo y ancho del mundo acaba por hacer las veces de un poderoso anestésico que inmuniza frente al dolor ajeno. Los excesos agotan toda capacidad de indignación. Nadie puede estar indignándose o compadeciéndose en serio cada cinco minutos.
    En el caso del último y más impactante invento, el de la computadora, se encuentra uno con reacciones para todos los gustos. Desde el que lo reverencia situándolo en la cumbre del desarrollo humano hasta el que lo denigra como una puñalada al corazón de la humanidad.
    Personalmente la computadora se me antoja un fabuloso invento que facilita la vida a numerosas personas y acelera el ritmo de los negocios y los archivos. Internet es una ventana al mundo, un artilugio para ponerse al día en mil asuntos, para divertirse, para comunicarse con rapidez y economía. Aunque sigue siendo un artefacto, un instrumento, un medio para un fin. Se puede usar bien y se puede usar mal. Puede alimentar inquietudes o abotargar actitudes.
    Sí, puede usarse mal y contribuir, entre otras cosas, a que nuestra ciencia se aloje más lejos de nosotros mismos. Hasta ayer la enciclopedia de papel recogía una enorme dosis de sabiduría. Por ello quizás pareció fuera de lugar enseñar a los niños unas listas de sabios, de ríos, de fechas relevantes o de gobernantes. Bastaba con acudir al libro que cargaba sobre su lomo todos estos datos. Pero no es lo mismo... La capacidad de recordar, de combinar conocimientos y de razonar quedó malparada.
    Hoy día la ciencia se ha especializado de manera alarmante. El viejo sueño de un Aristóteles, de un Leonardo Da Vinci o incluso de un Voltaire de acumular todo el saber en una mente humana ya es del todo imposible. Tampoco existen enciclopedias que resuman toda las gamas de la ciencia. Se dan libros especializados en tecnología digital, en Biblia, en álgebra, en electricidad, en mitos antiguos...

    Dependientes de una memoria exterior
    ¿Resultan favorables o negativos los avances que nos ocupan? Yo no pongo ni quito rey, siplemente digo que se pueden usar bien o mal. Viene a cuento el pasaje de Fedro escrito por el filósofo Platón. Resulta que Theut, uno de los antiguos dioses, mostró a un rey de Egipto toda la gama de sus artes. En cuanto a la escritura le dijo que “haría más sabios y más memoriosos a los egipcios, pues se ha inventado como un fármaco de la memoria y de la sabiduría”.
    El rey no se entusiasmó con la novedad. Alegó que semejante invención "es olvido lo que producirá en las almas de quienes la aprendan, al descuidar la memoria, ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos". Los temores del rey apuntaban a que, al fiarse de la escritura, el individuo enajenaría su sabiduría. Sería incapaz de valerse por sí mismo. Ya para siempre necesitaría de una muleta exterior a él a fin de desenvolverse debidamente.
    El paso a que nos hemos abocado es de mayor gravedad. Almacenamos cuanto sabemos en la memoria de una computadora. ¿Necesitaremos llevar en el bolsillo un artilugio digital que nos ayude a contar, a pensar, a recordar nuestras sensaciones vividas? Nos adentramos por preocupantes encrucijadas. Aunque, por supuesto, sé muy bien que la historia no vuelve atrás y que, a pesar de todo, la computadora es un maravilloso invento. ADH 781

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