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    Ser cristiano

    Apuntes Misioneros | Pedro RUQUOY, cicm.

    "Ser cristiano es sentirse portador de la ternura que Dios resiente para cada ser humano." (Confession d'un Cardinal, p.314)

    ¡Es la primera vez en mi vida que me tocó celebrar el jueves santo en un avión! ¡Oh! No vayan a pensar que me puse a lavar los pies de los pasajeros. Resulta que ese día me tocó regresar a Zambia con Bright, uno de nuestros huérfanos que acababa de ser operado del corazón en un hospital de Lyon, la segunda ciudad de Francia. Durante todo el viaje, él quedó fascinado por un pequeño televisor ubicado delante de su asiento, mirando una media docena de películas y yo me puse a leer "les confessions d'un cardinal" (Las confesiones de un cardenal), un libro famoso que trata de la vida de nuestra iglesia católica. Una frase de ese libro me llamó la atención: "Ser cristiano es ser portador de la ternura que Dios resiente para cada uno de los seres humanos." O sea "evangelizar" es dar testimonio de la ternura de Dios. El libro decía también que para evangelizar, la Iglesia, es decir el conjunto de los cristianos, debía estar siempre a los pies de los pobres.

    Entonces me puse a revisar mi vida misionera desde los inicios en el suroeste de la República Dominicana en 1975 hasta hoy en la sabana de Zambia. Pensé que había realizado muchas cosas que estaban muy lejos de la verdadera evangelización: construcción de iglesias, casas, escuelas, miles de bautismos, reuniones de todo tipo, predicaciones…. Pero en todo esto me parecía que no había cumplido con nuestra misión de ser signo de la ternura de Dios, el cual, humildemente, se encuentra siempre a los pies de los más pobres. Me di cuenta que uno de los momentos más importantes de mi vida tuvo lugar en la casa curial del Batey 5 cuando un picador de caña llegó de noche con los pies llenos de espinas. Lo hice sentar en la mecedora frente al crucifijo negro, me puse de rodilla y empecé a sacarles las espinas contemplando al crucificado que parecía sonreírme.

    Después de recordar esta escena, miré a Bright radiante de salud y de vida. Seis mese antes, él estaba en peligro de muerte: un médico francés de visita a nuestro orfanato había diagnosticado una anomalía en su corazón que exigía una intervención quirúrgica lo más pronto posible para evitar lo peor. Como Zambia no dispone de medios para realizar este tipo de operación, tuvimos que buscar fuera del país. Nos costaron meses y meses de diligencias y de contactos para, por fin, encontrar una solución en Francia. La operación fue exitosa y Bright lucía nuevecito. El jueves santo se transformaba en la culminación de los esfuerzos y de la ternura de decenas de personas que dieron una nueva vida a nuestro adolescente huérfano. Seguro que el mismo Cristo se alegraba de ese evento junto con los 100 hermanos y hermanas de Bright quienes se habían arrodillado cada tarde frente a la estatua de María para pedir a la Madre que acompañé a nuestro enfermo durante todos estos días de dolor y de angustia.

    El viernes santo en la tarde, llegamos por fin a Mulungushi Agro, el campito donde se encuentra nuestro centro. Yo había planificado celebrar el oficio de la pasión y muerte de Jesús con los huérfanos y huérfanas pero me sentía tan cansado que me contenté con sentarme en la enramada y con mirar a mi tropa de carajitos arrodillarse frente a la cruz y la estatua de María.

    Se pusieron a cantar con toda su fuerza y a rezar unas decenas del rosario. Después, Abel tomó la palabra para dar gracia a nuestro hermano Jesús y a su madre por el regreso de Bright y el éxito de la operación. Me levanté y les di la bendición. Estábamos lejos de las tradicionales celebraciones de viernes santo pero la Vida resplandecía frente a la Cruz!

    La famosa frase de "las confesiones de un cardenal" sigue martillando mi mente. ¿Cómo podemos ser portador de la ternura de Dios? Llegué a la conclusión de que la única forma de realizar esta misión es estar siempre íntimamente unido a Jesús. A fin y al cabo, toda su vida fue un signo de la ternura y del amor de Dios. Sus palabras y sus acciones no buscaban otra cosa sino anunciar que Dios es sólo Amor.

    Ahora, cada vez que me encuentro con una persona, cada vez que me enfrento con una situación difícil, cada vez que tengo que tomar una decisión delicada, trato de responder a estas preguntas: ¿Cuál sería el comportamiento de Jesús si él estuviera en mi lugar? ¿Cuáles serían sus palabras? ¿Qué sería su decisión? Por cierto esto supone controlar sus reacciones y tomar un tiempecito de reflexión antes de hablar o de actuar. Pero les aseguro que la vida toma un nuevo sabor.

    Hace poco llegó a la casa una señora anciana: ella había caminado más de 50 kilómetros a pie para presentarme sus cuatro nietos huérfanos. "Por favor Padre, no puedo más con esos muchachos. Perdieron sus padres y me toca cuidarles. No tengo fuerza para esto….". En un primer momento pensé que ya teníamos demasiado huérfanos en la casa y que yo había hecho bastante para este país tan marcado por la muerte. Pero yo no respondí nada a la abuela y me quedé en silencio por unos minutos: ¿Qué hubiera hecho Jesús en esta situación? La respuesta estaba clara. ¡Y así, Lewis, Mary, Benson y Grace integraron nuestra gran familia! Después de dos semanas con nosotros, se han transformado en nuestros hermanos y hermanas. ADH 780

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    Bibliografía: Olivier Le Gendre, "Confession d'un cardinal" Ed JC Lattès, Paris, 2007