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    Desafíos Pastoral de la Salud

    Pastoral de la Salud | Mons. Valentín Reynoso (Plinio), msc. 
    Desafíos de la Pastoral de la Salud   

    Salud y enfermedad vienen a ser dos caras de una misma medalla. Son dos situaciones, dos estados, dos etapas por las que solemos pasar todos los seres humanos, como afirma el libro de Qohelet: “hay tiempo para estar en salud, tiempo para estar enfermo”…
    La Pastoral de la Salud busca evangelizar el campo de la salud para que todos los agentes de pastoral asuman, desde la fe y en nombre de Jesús, la gran tarea de preservar la salud de las personas y sanar o al menos ayudar a recuperar a los enfermos, mediante la acción eficaz del personal médico y la aplicación de la medicina adecuada para cada caso en particular.
    Dentro de los múltiples retos o desafíos de la Pastoral de la Salud está el ayudar a enfrentar la enfermedad, humanizando al paciente y los que los atienden, para que los enfermos reciban un trato digno y humano, conforme a su condición de hijo de Dios.
    1. ¿Qué entendemos por enfermedad?
    Es la interrupción de la salud, entendida como proceso armónico de bienestar, a nivel físico, emocional, intelectual, social y espiritual que capacita al hombre para cumplir con la misión a que Dios le ha destinado. La enfermedad nos desconcierta. Cada uno se pregunta: ¿Por qué el dolor? ¿Cómo superarlo o darle sentido? Es cierto, que los avances de la medicina han contribuido para eliminar un sin número de enfermedades hasta ahora incurables.
    Pero a pesar de todos estos avances, las enfermedades siguen siendo uno de los principales campos de lucha de la inteligencia humana. Pues cada día van apareciendo nuevos tipos de enfermedades que obligan a la ciencia médica a un continuo recomienzo. Por ejemplo, en otros tiempos fueron la tuberculosis, el tifus, el sarampión, la viruela, la influenza, la buba, el paludismo, la hepatitis…las enfermedades que arrasaron con una gran parte de la población, sobre todo en los países más marginados. Hoy día es el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, los problemas renales y hepáticos y los virus como el dengue, la chikunguya y ahora el Sunami del Ébola que amenazan a la Humanidad.
    Téngase en cuenta que con la evolución de la sociedad cambia también el contexto humano del enfermo. La enfermedad se desarrolla en un marco de relaciones cada vez más impersonal. Los enfermos salen del marco familiar y son encomendados al cuidado de las instituciones sanitarias. Ahora el enfermo es un paciente entre los pacientes.
    Las personas más cercanas a él, sus familiares y amigos, no son con frecuencia más que visitantes a horas determinadas. Se perfecciona la asistencia técnica del enfermo, pero disminuye la presencia humana a su lado, cosa esta que puede modificar el sentido mismo de la enfermedad en nuestra vida. En la vida de una persona, la enfermedad no es un accidente casual, sino que es una de las situaciones que componen la historia personal. El enfermo vive unas experiencias densas, que modifican la percepción de sí mismo y del entorno en que vive.
    La enfermedad trae consigo un trastorno en la armonía entre la mente y el cuerpo y transforma nuestras relaciones con los otros. El sufrimiento concentra la atención del enfermo en sí mismo, hasta el punto que el alejamiento de sus actividades ordinarias y el sentimiento de que nadie puede participar en su dolor, crea la sensación de soledad y distancia. La enfermedad es la finitud de la vida, dado que toda enfermedad es, en algún modo, evocación de la muerte.
    2. Visión bíblica de la enfermedad
    ¿Qué nos dice la Biblia acerca de la enfermedad? Sencillamente, que la enfermedad es un mal en sí y para el hombre. Ella no entró en el mundo por parte de Dios, sino como una consecuencia del pecado del hombre. (Gn 3, 16-19). Jesús, a lo largo de su ministerio se encuentra con muchos enfermos; pero, ¿qué es la enfermedad para Jesús? Es la consecuencia de un mal más profundo arraigado en el corazón del hombre: el pecado (Lc 13.16).
    Jesús siente compasión por los enfermos y sale voluntariamente al encuentro de la enfermedad y del dolor humano. Su cuidado hacia los enfermos, sus curaciones y sus palabras de esperanza para los más débiles llevan el Evangelio. "Recorría toda Galilea... curando las enfermedades y dolencias del pueblo" (Mt 4,23).
    Él no se detiene a distinguir la enfermedad natural de la posesión demoníaca, sino que “expulsa a los espíritus y cura a los que están enfermos" (Tm 8, 16), significando con esto su triunfo sobre el demonio y la restauración del Reino de Dios, puesto que Él ha venido "para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10).
    Esto no significa que la enfermedad, de ahora en adelante, deba desaparecer del mundo, sino que la fuerza divina, que finalmente la vencerá, está desde ahora en acción entre nosotros. EI mismo Jesús conoció en su propia carne el sufrimiento físico, la angustia y la tentación del abandono, para recorrer el camino hacia la resurrección (Lc 24,26).
    Por otra parte, la enfermedad simboliza el estado en que se haya el hombre pecador que es espiritualmente ciego, sordo y paralítico. Y la curación del enfermo es, pues, también un símbolo, que representa la curación espiritual que Jesús viene a operar entre los hombres, pues en los Evangelios, toda curación física es señal de la llegada de la salvación de Dios.
    Pistas para la reflexión y el diálogo:
     Cuáles son los males modernos que traen consigo más enfermedades?
     Qué relación hay entre el desorden social, la basura y la contaminación ambiental y las nuevas enfermedades?
     La violencia, la inseguridad, el Sicariato, el crimen, los asaltos, los pleitos, los accidentes de vehículos y motores, los feminicidios…no serán otros nuevos factores generadores de enfermedades?
     ¿Qué podríamos hacer para prevenir las enfermedades provenientes de estos males?

    La Pastoral de la Salud les invita a trabajar sin tregua, en el nombre de Jesús, para erradicar estos males que nos aquejan y así contribuir a la salud y al bienestar de nuestro Pueblo Dominicano. ADH 784