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    martes, 7 de enero de 2020

    Discipulado

    Valor del Mes | Juan Tomás García, msc 


    Discipulado

    Lema: “Alégrate, el Señor está contigo” Lc 1, 28
    Estamos iniciando un nuevo año en el que el itinerario de evangelización del Tercer Plan de Evangelización nos invita a vivir una experiencia personal y comunitaria con Cristo Palabra Encarnada. “Con Jesús, Palabra Encarnada, nuestra vida será transformada”, reza el lema para todo el año 2020. En enero, concretamente, se nos llama a vivir y promocionar el valor del “discipulado”, vivir la experiencia de discípulos misioneros de Jesucristo con María, nuestra Señora de la Altagracia que celebramos en toda la geografía nacional, con alegría y gozo. Alégrate, llena de Gracia, el Señor está contigo, Lc 1, 28.

    Conocemos la Palabra de Dios que nos muestra a nuestro Maestro Jesús de Nazaret eligiendo a sus Apóstoles y acogiendo discípulos a quienes muestra el camino de la vida, con su propia actividad y desde sus mismas convicciones. Tanto sus Apóstoles como sus discípulos tienen que hacer un largo recorrido tras los pasos de Jesús para poder tener una experiencia marcante que le adhiere profundamente a él, hasta llegar a dar sus vidas siguiendo su camino. Los evangelios nos presentan a Jesús interactuando pacientemente con sus discípulos en una carrera atenta al aprendizaje y abierta a la realidad de sus seguidores, lentos para captar el mensaje recibido. No se trata de aprender un discurso sino de vivir una experiencia profunda que les hará unirse al Maestro de manera definitiva y sin condiciones. Ser discípulo es seguir al Maestro, aprendiendo de él y configurando todo el existir con sus actitudes y valores.


    La experiencia de vida cristiana de los discípulos

    Lo que recuerdan los evangelistas es que el camino del seguimiento de Jesús (discipulado), supuso en sus primeros seguidores, un extraordinario esfuerzo de conversión. Lo que hasta el momento Vivían como religión: preceptos, prohibiciones y mandatos, los hacían sentir seguros; cumplir con determinadas prácticas y ritos los dispensaba de una inquietud, la inquietud de preguntarse: ¿Qué nos pide Dios hoy, en la realidad concreta?

    El Maestro les señala que ser discípulos es caminar detrás de él, y que ese caminar los ponía frente a leprosos, paralíticos, pecadores. Esas realidades demandaban mucho más que una receta o una norma establecida. Aprendieron que ir detrás de Jesús supone mucha apertura y disposición para configurarse con él que es manso y humilde de corazón, contar con otras prioridades, otras consideraciones para servir a Dios. “Entre ustedes no sea así”, Jesús quiere que quienes nos decimos discípulos no nos aferremos a cierto estilo, a ciertas prácticas que nos acercan más al modo de ser de algunos fariseos de entonces que al suyo.

    La libertad de Jesús, en todos los órdenes de la vida, se contrapone con la falta de libertad de los líderes religiosos de su tiempo y de la historia de salvación. Jesús no se queda en un cumplimento aparentemente “correcto”, él lleva la ley y nos impulsa en esa dirección, en ese estilo de seguimiento que supone ir a lo esencialrenovarseinvolucrarse. Son tres actitudes que tenemos que plasmar en nuestra vida de discípulos.

    Centrémonos en lo esencial

    Significa ir a lo más profundo, valioso y trascendente, a lo que cuenta y tiene valor para la vida. Como seguidores de Jesús, no vivir la relación con Dios apegados fríamente a normas ni al cumplimiento de acuerdos preestablecidos, sino, abiertos a la palabra de Dios y la intervención de su Espíritu. Que nuestro seguimiento de Cristo no sea solo ritual y tradicional, sino que a partir de una experiencia profunda de encuentro con Cristo y su amor, vayamos creciendo en compromiso y corresponsabilidad. El discipulado no es estático, sino un proceso permanente hacia Cristo, Camino, Verdad y Vida.

    Dejémonos renovar por La Palabra del Maestro

    Como discípulos y como Iglesia, hoy se nos invita a dejar que el Espíritu del Maestro nos sensibilice con su vida y con su estilo de llevarla, abandonando comodidades y prácticas a las que ya estamos apegados. La renovación no nos debe dar miedo. La Iglesia siempre está en renovación. No se renueva a su antojo, sino que lo hace “firme y bien fundada en la fe, sin apartarse de la esperanza transmitida por la Buena Noticia” (Col 1,23).

    Es posible que lo que un día nos hizo dar un paso al frente y comprometernos en nuestras comunidades, hoy no signifique nada para nosotros, no nos sirva. A lo mejor hemos aprendido a ser animadores de grupos comunidades, movimientos o pastorales eclesiales de una manera y hemos seguido por mucho tiempo esa forma. La renovación supone riesgo y valentía, para responder mejor al llamado del Señor. La realidad nos impone respuestas nuevas.

    Seamos Discípulos Misioneros

    El discipulado nos pide crecer en el coraje evangélico que brota de saber que son muchos los que tienen hambre, hambre de Dios, hambre de dignidad, porque han sido despojados de su fe. Como dice el Papa Francisco, la Iglesia no es una aduana, quiere las puertas abiertas porque el corazón de su Dios está no solo abierto, sino traspasado por el amor que se hizo dolor. Las comunidades cristianas no nos pertenecen, son de Dios. Nosotros, discípulos, somos simples “servidores” (cf. Col 1,23) estamos para facilitar el encuentro profundo y la experiencia de Dios.

    A los discípulos de hoy el Señor nos pide: “Denles ustedes de comer” (Mt 14,16); este es nuestro servicio. Seamos discípulos que saben ver, juzgar y actuar, como lo proponía el documento de Medellín. Discípulos misioneros que saben ver, sin miopías heredadas; que examinan la realidad desde los ojos y el corazón de Jesús, y desde ahí juzgan. Y que arriesgan, que actúan, que se comprometen. Asumamos con fuerza el seguimiento de Jesús, conozcámoslo, dejémonos convocar e instruir por él, busquémoslo en la oración, en la realidad y dejémonos buscar por él, anunciémoslo con la mayor alegría posible. (Cfr. Discurso del Papa en Colombia). ADH 841.

    1 comentario:

    1. Muy atinada reflexión es motivante a seguir al maestro, ir detrás del maestro con hmilidad y apertura. Muchas gracias por la reflexión.

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