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    domingo, 3 de mayo de 2020

    Cosas que no queremos entender

    Casa de Luz | Lic. Juan Rafael Pacheco 


    Cosas que no queremos entender

    Un viejo ermitaño, que vivía aislado en una cueva remota dedicado por amor a Dios a la oración y la penitencia, se quejaba de exceso de trabajo.  ¡La gente no lo entendía!

     --Tengo que domar dos halcones, entrenar dos águilas, mantener quietos dos conejos, vigilar una serpiente, cargar un asno y someter un león --les decía.

    --¡Pero no vemos animales por aquí cerca!
    --Es que los llevamos con nosotros. Los dos halcones son mis ojos, que se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno y malo. Los domo para que sólo atrapen presas buenas…

    Las dos águilas, con sus garras hieren y destrozan. Las entreno para que sirvan a todos y ayuden sin herir. Son mis manos.

    Los conejos quieren estar de su cuenta, ir solamente donde les agrade. Les enseño a permanecer tranquilos y en paz ante el sufrimiento, un problema o algo desagradable.  Son mis pies.

    Vigilar la serpiente es lo más difícil, y eso, que está encerrada en una jaula de 32 varillas. Siempre está lista para morder y envenenar a todos. Si no la vigilo causa grande daño. Es mi lengua.

    El burro, burro al fin, no quiere cumplir su deber, siempre dizque cansado, rehúsa llevar su carga cada día.  Es mi cuerpo.

    Y si no domo al león quiere ser el rey, el primero, vanidoso y orgulloso.  Ese… es mi corazón.

    Más aún, usemos la vista para ver la belleza de la vida, el interior de las personas. No usarla para criticar maliciosamente cómo se ven o se visten los demás, o para juzgar a las personas sólo por sus apariencias.

    Con los oídos escucha tu prójimo y ofrécele palabras de aliento. No los uses como un arma poniendo atención cuando se habla mal del prójimo.

    El olfato es para percibir el olor de las flores, del perfume, del amor.  No lo impregnes con los malos olores del odio, el egoísmo, la traición. 

    Usa tu gusto para saborear el triunfo de tus metas alcanzadas con esfuerzo y dedicación. No lo uses para saborear las derrotas de otros. 

    Tu tacto es para sentir y dar amor tocando las personas con tus buenos deseos. Nunca lo pierdas.

    El sexto sentido –el más importante—es el que nos da la sabiduría para distinguir la diferencia entre el bien y el mal, entre dar o recibir, entre construir o desmoronar. 

    Tantas veces miramos sin ver, oímos sin escuchar, olemos sin percibir, probamos sin saborear, tocamos superficialmente.

    Necesitamos más personas que digan: “¡Puede hacerse!”, y menos que digan: “No se puede…”

    Más personas que inspiren confianza a los demás, y menos que arrojen “un chorro de agua fría” sobre los que han dado aunque sea un solo paso en la dirección correcta.

    Más personas que le busquen el lado positivo a las cosas, y menos que vivan sacándole defectos a todo. 

    Más personas –concluyó el ermitaño—que “enciendan una vela” y menos, muchas menos que “maldigan la oscuridad…”

    El mundo necesita más personas que actúen y menos que vivan criticándolo todo. Cada quien debe ser el cambio que desea ver en el mundo, afirmaba Mahatma Gandhi. Yo no podré cambiar el mundo, pero puedo cambiar el mundo que me rodea.

    Se necesitan más, muchísimas más personas que pongan caso y entiendan y acepten todas estas cosas que nos son tan difíciles de entender.

    Que el Señor nos regale el don de discernimiento, tal y como lo hizo con el joven rey Salomón…

    Bendiciones y paz. ADH 844

    Mis cuentos aparecen publicados en Catholic.net
    Este cuento aparece publicado en la página 131de mi libro “¡Descúbrete! Historias y cuentos para ser feliz”. Disponible en Papelería Villa Olga, teléfono 809 583 4165, Santiago; Librerías Paulinas, La Sirena y Librería Cuesta.


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