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    sábado, 27 de junio de 2020

    La Misión de Jesús en Galilea: exigencias para los enviados

    Rincón de la Palabra | Hna. Ángela Cabrera, mdr.


    La Misión de Jesús en Galilea:

    Una reflexión a partir del Evangelio de Lucas (Lucas 4, 14-44; 5, 1-9,62)

    LAS EXIGENCIAS PARA LOS MISIONEROS ENVIADOS POR JESÚS (9)

    Los textos:

    Hay una palabra muy profunda, honda, exigente, comprometedora, y esta es, con mayúscula COHERENCIA. La coherencia es, por así decir, como el hilo conductor que atraviesa lo que una persona hace, piensa, dice, siente. De ahí que Jesús sea una persona de autoridad, porque no se contradice en ninguna de estas dimensiones. Entonces, primero Él lo vive, y luego invita a los seguidores a que no solo escuchen sus palabras, sino que la hagan vida, practicándolas (Lucas 6,47).

    Jesús abre, con su vida y su palabra, el escenario para contemplar el testimonio vivo. Todos los misioneros han de dar testimonio para que su palabra no caiga al vacío y no pierdan el tiempo.

    Jesús les exige a sus discípulos que en los tiempos de prueba, cuando la barca parezca hundirse sin salvación, que se amparen en Él, y en nada ni en nadie más (Lc 8,22-25). Entonces, se trata de confianza. En el seguimiento ha de primar, no el miedo, sino el abandono absoluto, aunque todos los sentidos inviten a pensar diferente.

    Toda la misión de Jesús está marcada por la austeridad de vida. No se puede llevar la Buena Nueva en abundancia, sino en austeridad. Esto para que nada distraiga lo que realmente importa: de ahí el que no lleven nada, así como la referencia a los pocos panes y pocos peses, dando testimonio de que nada falta.

    En medio de tantos signos, milagros y prodigios, la misión en Galilea también deja saber sobre breves anuncios de la pasión: “El Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; lo matarán y resucitará al tercer día” (Lc 9,22). En este mismo sentido, el propio Jesús les recuerda las exigencias del seguimiento.

    El que quiera seguirme (Lc 9,23-26):

    • Niéguese a sí mismo,
    • tome su cruz cada día,
    • sígame.
    • Quien quiera salvar su vida, la perderá,
    •  pero quien pierda su vida por mí, la salvará.

    Si todo estaba tan “chévere” ¿por qué vienen todas estas exigencias? La misión de Jesús en Galilea también narra el relato de la transfiguración (Lc 9,28-36). Llama la atención que Jesús toma a tres de sus discípulos (Pedro, Juan y Santiago), y sube al monte para orar (v.28). Dice el relato que su aspecto cambió y sus vestidos se tornaron blanquísimos. ¿Y por qué este texto en medio de las exigencias?

    Pues resulta que ni esos discípulos, ni nosotros, muchas veces, lo podemos entender. La experiencia intensa de Dios, que Jesús vive, en la presencia de sus antepasados: Moisés y Elías, le estaban preparando para cargar la cruz viva, donde daría el último suspiro en su misión pública. Como estos discípulos, a pesar del sueño permanecían despiertos, pudieron contemplar tal gloria, quisieron hacer tres tiendas (v.33), pero el mismo texto dice que no entendía lo que decía. Jesús, en el monte, estaba tomando vitaminas para soportar la pasión, para permanecer fiel a su padre.

    Espiritualidad misionera

    Entrar en la dinámica de Jesús, ser misionero a su manera significa morir a sí mismo. Es dejar el orgullo que impide acoger a los hostigadores, perseguidores y hacerles el bien. Significa, además, estar en medio de la gente que sufre, dejándose doler por sus gritos y sus sufrimientos.

    Para ser misioneros de Jesús se nos exige profesar como Pedro, estas palabras: «Pero ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» Pedro le contestó: «El Cristo de Dios.» (Lc 9,20).

    Ser misioneros de Jesús no significa una vida sin problemas. La única diferencia es el sentido que se les da a estos, y cómo se viven. Todas las pruebas y las dificultades en el seguimiento y en la consecuente misión se presentan como herramientas para pulgar el alma, las intenciones, y en este fuego purificador, las palabras y los gestos recobran autoridad.

    No hay seguimiento sin cruz, pero tampoco hay cruz sin resurrección.

    ¿Qué nos provocan los textos?

    ¿Estoy listo para salir de la Iglesia, sin salir de la comunión? O sea, ¿salir a misionar como Iglesia? ¿Llevar a Cristo en el corazón, en los labios? ADH 845

    EN SÍNTESIS:

    ¿QUÉ HEMOS APRENDIDO DE JESÚS PARA LA MISIÓN BÍBLICA CATÓLICA?


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