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    martes, 14 de julio de 2020

    De las elecciones a la ciudadanía

    Al Tanto | Antonio Lluberes, sj

    De las elecciones a la ciudadanía

    Pasaron las elecciones, hubo más participación de la esperada, hubo calma. Pero, si se puede leer en el trasfondo del proceso, creo que debemos fijarnos en dos slogans: “Se van” y “El cambio va”. Son dos frases que más que hablar de personas, gobernantes y candidatos, expresan un sentimiento de la gente, indignación y protesta. No se podía pasar por alto la lucha por garantizar la integridad ecológica de Los Haitises y de Loma Miranda, las Marchas Verdes contra la corrupción e impunidad, y las manifestaciones de la Plaza de la Bandera contra la manipulación de las elecciones electrónicas municipales.

    Este Gobierno ha sido exitoso en el manejo de los datos macroeconómicos, tasa de cambio, producto interno bruto, índice de crecimiento y reservas financieras, pero ha adolecido, entre otros, de uno de los principios básicos de su fundador y bandera de los primeros tiempos de partido: la honestidad en el manejo de los fondos y la legalidad pública. Se han manipulado una cadena de escándalos, los más sobresalientes en la administración pública: Sun Land, Oisoe, Metro, Corde, Omsa, Tucanos y Odebrecht; y en la delincuencia los casos Quirino y Figueroa Agosto, y César el Abusador, que han hecho de la corrupción una cultura y ha generado en sectores de la población sentimientos de frustración, indignación e impotencia, hasta de rabia contenida. En la mayoría de los casos daba la impresión que se creía que el recurso a la mercadotecnia política distraería y convencería a la gente. Se vencía, pero no se convencía.

    Yo creo que, más que votar por un candidato y un partido, se ha votado por un cambio que busca no-privilegios, respeto, transparencia y distribución de bienes. Hay personas que critican esta opinión y dicen que pronto se volverá a la cultura de la corrupción que permea a todo el pueblo dominicano, que habrá que pagar beneficios y la inversión que han hecho los candidatos en sus campañas, y que en este pueblo de desempleo y bajos salarios la cola de los buscaempleo dará las vueltas al Palacio Nacional.

    No se descarta la necesidad y el mal del mundo, esto no es el Reino de Dios en la tierra, pero “el cambio va” no habla solo a los políticos, funcionarios, legisladores, municipales, habla a todos. Al maestro del gremio, al médico del gremio, al abogado del gremio que no solo debe pensar y luchar por sus mejoras salariales, sino por el servicio a prestar a enfermos, alumnos y agraviados. Habla a las organizaciones barriales necesitadas del combate a la violencia, de la recogida de basura, del control del ruido, de la sana convivencia humana. Es que somos gente.

    Las Iglesias – como se dice ahora – deben tener una palabra. Ellas también son llamadas al cambio. La Iglesia Católica con el bagaje doctrinal de su magisterio, con las obras sociales en especial en la educación y la salud, y con su organización de parroquias y movimientos; y todas las demás congregaciones religiosas de matriz protestante, con la multiplicidad de sus congregaciones y la militantez de sus pastores enfrentan también un reto ante este momento de cambio. Testimoniar la verdad y la justicia y pulir y mostrar transparencia y sostener su palabra sobre los temas de la educación religiosa en la escuela y la moral sexual. Y también la lucha contra la corrupción y la justicia social. Hablar a sus feligresías y proponer a la sociedad y al Congreso. No basta negar, oponer, sino hay que hacer.

    Solo la sana, fuerte, inteligente, sostenida y responsable participación ciudadana –ciudadanía quiere decir de la gente– podrá conseguir que todo lo implícito en el slogan “el cambio va” pueda convertirse en realizaciones.


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