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    martes, 14 de julio de 2020

    Viaje hacia Jerusalén

    Lectura Orante | P. Marcos Plante, msc

    Viaje hacia Jerusalén

    Léase este interesante relato del viaje de Pablo hacia Jerusalén (Hch 21,1-14) destacando las etapas del viaje y la determinación de Pablo.

    1° Interpretación del texto: Al despedirse de los Ancianos de Efesio, Pablo y su acompañante se embarcaron vía el mar hacia Fenicia. Nos detuvimos en Tiro en donde el barco tenía que dejar su cargamento, relata el acompañante de Pablo. “Encontramos allí a los discípulos y nos quedamos siete días. Ellos, movidos por el Espíritu, decían a Pablo que no subiera a Jerusalén”. Pero Pablo no les hizo caso. Salieron, el día siguiente, parándose en Cesarea donde se alojaron en casa de Felipe el evangelista, uno de los Siete, bien conocido de Pablo. “Llevamos allí varios días, cuando bajó de Judea un profeta llamado Agabo. Se presentó ante nosotros y tomando el cinturón de Pablo, se ató los pies y las manos diciendo: -Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán en Jerusalén al hombre a quien pertenece este cinturón, y lo entregarán en manos de los paganos”. Entonces, todos suplicaron a Pablo que no subiera a Jerusalén, pero Pablo contestó: “¿Por qué tratan de desanimarme con su llanto? Yo estoy dispuesto, no sólo a ser encadenado, sino a morir en Jerusalén por el nombre de Jesús, el Señor”. Concluye el relato: “Como no había manera de convencerlo, dejamos de insistir diciendo: - ¡Hágase la voluntad del Señor!”. Pablo, como Jesús, cumple la voluntad divina hasta desafiar los sufrimientos y la muerte. El resto del viaje le resultará un verdadero vía crucis.

    2° Meditación: En este viaje, vemos un Pablo determinado a subir a Jerusalén donde le esperan sufrimientos y cárceles. Ni las profecías lo detienen. Lo dice él mismo: “Estoy dispuesto, no sólo a ser encadenado, sino a morir por el nombre de Jesús, el Señor.” Es el comienzo de su vía crucis en su seguimiento de Jesús. Podemos vernos retratados en él, pues nuestra vida nos presenta, muchas veces, situaciones donde se debe enfrentar los sufrimientos y aún la muerte. Es urgente, en estas ocasiones, recordar los sufrimientos del Crucificado y abandonarnos a la voluntad de nuestro Padre Dios, cuya gloria nos acompaña, como acompañó a Jesús en su calvario. ¿Cuál es mi determinación frente a los desafíos de la evangelización?

    3° Oración: “Ante ti, Señor mío, están todos mis anhelos, no se te ocultan mis quejidos. Mi corazón palpita, se me acaban las fuerzas y hasta la luz de los ojos me falta. Los que buscan matarme me tienden trampas, los que desean mi mal me amenazan, están todo el día planeando engaños. Pero yo me hago el sordo y no escucho, me hago el mudo y no abro la boca; soy como uno que no oye y no contesta. En ti, Señor, pongo mi esperanza, tú me responderás, Señor y Dios mío.” Salmo 38,10-16. En esta oración, Señor, te veo a ti camino del calvario, y veo también a muchos cristianos luchando con esperanza, a pesar de los desafíos. ¡Qué cada cual ofrezca sus sufrimientos en manos del Señor! En él está nuestra esperanza.

    4° Contemplación: Me interesa, acompañar a Pablo en este viaje hacia Jerusalén. Oigo las profecías y los llantos de los discípulos que aconsejan a Pablo de no subir a Jerusalén. Veo un Pablo determinado a pesar de tantas súplicas de parte de los hermanos. Me admira su respuesta a estas profecías: “¿Por qué tratan de desanimarme con sus llantos? Yo estoy dispuesto, no sólo a ser encadenado, sino a morir en Jerusalén por el nombre de Jesús, el Señor.” Con los hermanos que lo acompañan digo: - ¡Hágase la voluntad del Señor! ADH 846


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